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Altos precios de los productos básicos hacen temer al mundo por escasez alimenticia
Holman Rodríguez M.
Redacción internacional
El consumo creciente de China e India y el uso de alimentos en la producción de biocombustibles son, según los expertos, las causas del fenómeno..
Durante los últimos tres años, esas mercancías -conocidas con el nombre de commodities en el argot económico- han registrado fuertes incrementos de precio y, de paso, presionado el costo de vida en casi todo el mundo.
Los productos básicos o de carácter genérico normalmente se negocian en bolsas y su cotización sirve de indicador global. Suelen asociarse con diferentes tipos de grano, como el trigo, el maíz y la soya, pero también lo son la electricidad y el petróleo.
Uno de los factores que más han impulsado los precios de estas mercancías es el fuerte crecimiento de las economías de India y China, cuyos más de 2.300 millones de habitantes presionan fuertemente la demanda.
Según Alfredo Coutiño, economista de la calificadora estadounidense Moodys, esa es la razón estructural que mantiene los precios altos en todo el mundo y que va a continuar haciéndolo.
Pero estas naciones, que tienen el tercio de la población mundial, no son las únicas que crecen. También las europeas y latinoamericanas, al mejorar sus indicadores, hacen que la oferta no alcance.
Coutiño considera que hay otros factores que contribuyen a la problemática, como el desvío de granos que normalmente se destinan a la alimentación o la producción de concentrados hacia la nueva tendencia mundial: la fabricación de biocombustibles.
El maíz, la soya, el trigo y la caña de azúcar están siendo utilizados para elaborar etanol y otros alcoholes carburantes. La situación, que en un comienzo era vista como positiva, pues reduce la dependencia respecto de los combustibles fósiles -altamente contaminantes-, ahora es vista con ojos críticos.
Hace pocos días, por ejemplo, el relator de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, pidió que se suspendiera la producción de biocombustibles por cinco años.
Según él, ese tiempo debería aprovecharse para desarrollar energías que no afecten el área cultivable para alimentos.
Las cifras lo dicen todo: de 200 kilos de maíz, que alimentarían a una persona durante casi un año, se extraen apenas unos 50 litros de biocombustible, que se agotan relativamente rápido.
El factor climático
El tercer factor, sobre el que los analistas consideran que hay muy poco por hacer, es la restricción en la producción mundial debido a las condiciones climáticas.
Las fuertes sequías y las intensas lluvias en Suramérica o los inusuales huracanes en Europa, que algunos atribuyen al calentamiento global, están poniendo en peligro la seguridad alimentaria mundial, asegura Coutiño.
Los factores climáticos han alterado además las condiciones para generar energía, lo que ha obligado a algunos países a adelantar programas de ahorro, racionamientos incluidos, y afectado la producción industrial, así como la extracción de petróleo.
Por último, el experto de Moodys destaca la debilidad del dólar y la turbulencia financiera como motores de los altos precios de los commodities. Estos fenómenos están haciendo que los grandes inversionistas internacionales se refugien en activos diferentes al billete verde, sobre todo el oro y los contratos de compra o venta de productos básicos a futuro.
Antes era muy común acudir primordialmente al oro como protección, pero actualmente se transan además papeles ligados a operaciones comerciales de cobre, plata, granos y, por supuesto, petróleo. Esto ocasiona sobredemanda y dispara los precios.
Ante todo este panorama, Coutiño considera que " los inversionistas continúan nerviosos y no se van a desprender fácilmente de ese tipo de activos", por lo cual no vislumbra una baja en los precios.
El dilema de la alimentación y los combustibles renovables
El desarrollo de alternativas para sustituir el petróleo lleva décadas. Las que más han dado resultado y tomado un fuerte impulso durante los últimos años son las que tienen como materia prima vegetales alimenticios. Por ejemplo, los cereales, la caña de azúcar y la palma aceitera.
Dichos sustitutos, que son más baratos y menos contaminantes que el petróleo, fueron vistos en un comienzo como una panacea, pero pronto comenzaron a ser cuestionados por el hecho de que desplazan la frontera agrícola destinada a la alimentación humana y a la producción de concentrados para los animales de engorde.
En el caso de Colombia, a decir de Napoleón Viveros, gerente general de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales (Fenalce), la situación es inquietante.
Si bien es cierto que el país es uno de los pioneros en materia de proyectos de producción de etanol, la dependencia de los commodities del campo para la alimentación es cada día más grande, dijo.
Colombia se está viendo sometida a la importación masiva y a altos precios de productos básicos que no está produciendo suficientemente, como el trigo, y cuyos cultivos locales representan en el mejor de los casos no más del 10 por ciento de lo que se come en el país.
Además, es imposible sustituir las importaciones de maíz para el consumo, pues se necesitaría un millón de hectáreas adicionales para su cultivo, de acuerdo con Viveros.
El oro sigue siendo el refugio predilecto de los inversionistas internacionales
Desde que se lo consideró como el metal más precioso, el oro no ha dejado de representar seguridad y riqueza. Sin embargo, en los últimos años la alta demanda está llevando su precio a límites que pocos esperaban que se mantuvieran.
En abril del 2001, la onza se cotizaba a 255 dólares. En la actualidad bordea los 1.000, es decir, que en menos de una década ha subido el 284 por ciento, un promedio anual de 40 por ciento.
Desde mediados del 2007 se acentuó la tendencia alcista, hecho que coincide con el estallido de la crisis hipotecaria en Estados Unidos y la consecuente posibilidad de recesión en ese país, que afectaría el crecimiento mundial.
La razón de la disparada es, según la firma Moodys, el mayor apetito de los inversionistas por el metal precioso. Esa calificadora estadounidense ha construido un índice de precios de los commodities con base en el movimiento de las opciones de compra y venta. Desde el 2003, este registro ha crecido a un promedio de cerca de 20 por ciento anual.
El petróleo, cuesta arriba
El 17 de enero del 2002, el precio del barril de petróleo WTI, de referencia para Colombia, costaba 17,97 dólares. En aquella época nadie se imaginaba que 6 años más tarde la cotización sobrepasaría los 110 dólares. Desde entonces, el 'oro negro' ha registrado un encarecimiento de 535 por ciento (83 por ciento anual, en promedio).
Sin duda es una buena noticia para los países productores, que se benefician de un aumento constante en los precios, lo que les permite disponer de recursos para todo tipo de proyectos.
Pero es muy mala para quienes tienen una alta dependencia de las importaciones y para países que, como en el caso de Colombia, tienen ligado el precio de la gasolina al del petróleo, según explicó Gustavo Tobón, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana.
En este contexto, el aumento de los precios de los combustibles ocasiona una cadena de incrementos en los precios de los alimentos.
Los causantes de la disparada de las cotizaciones son el mayor consumo de los países industrializados, las tensiones geopolíticas en regiones productoras como Oriente Próximo e Irán, la devaluación del dólar y un mayor volumen de operaciones financieras con los contratos a futuro.
A esto hay que sumarle el hecho de que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) no ha sido partidaria de ampliar su cuota de producción, que hoy está en 29,67 millones de barriles diarios, pues, según han dicho sus directivas, "la demanda no sube".
Colombia intenta aprovechar el momento
Si tuviera una mejor base productiva, el país podría aprovechar mejor los altos precios del petróleo y otros commodities. Sin embargo, eso no se está dando.
Según Gustavo Tobón, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana, en el campo del petróleo, donde hay unas exportaciones importantes, el esfuerzo de exploración debería ser más amplio. El académico tiene la impresión de que la búsqueda de nuevos campos es poca, pues últimamente no se han descubierto yacimientos promisorios.
Sobre el tema del ferroníquel, que también registra altos precios, dijo que hay una gran fuente que se exporta y aprovecha la coyuntura. Esto se demuestra en el hecho de que el año pasado las ventas externas de ese mineral ascendieron a 1.680 millones de dólares, con un crecimiento del 51 por ciento frente a las del 2006, pese a que el volumen exportado fue inferior. No obstante, hay que tener en cuenta que la mina de Cerromatoso, explotada por la multinacional BHP Billiton, enfrentado un conflicto laboral que ha afectado las exportaciones.
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