Biocombustibles: alternativas para el futuro
Con la caña de azúcar, remolacha, maíz y hasta aceites de fritura usados, el mundo busca atenuar el impacto negativo de los hidrocarburos en el medio ambiente.
La próxima vez que usted se deleite con alguno de los productos derivados de la caña de azúcar, o mire la sustancia viscosa que se aposenta en su sartén después de un banquete de colesterol, piense que está consumiendo algunas de las alternativas que los Estados y la industria automotriz han puesto en marcha para conjurar los indeseables efectos de un cielo aún más contaminado.
Los diferentes biocombustibles han ganado un lugar en la agenda ambientalista de principios de siglo, pues sus probados beneficios (reducción de al menos el 27% en la emisión de monóxido de carbono en vehículos nuevos para el incipiente caso colombiano) los sitúan, al lado de otras fuentes alternativas de energía, como el gas o más adelante el hidrógeno, en la mira de los planificadores de modelos de desarrollo sostenibles.
Reconocido en el mundo es el caso de Brasil, país que desde hace tres décadas implementó la producción de alcohol carburante y hoy es el primer productor mundial con 40 millones de litros diarios. Siguiendo el camino de los cariocas, aunque con 30 años de distancia, en el país se vende desde noviembre pasado biogasolina -mezcla de 10% de etanol con 90% de gasolina corriente- en seis departamentos de la geografía nacional (Cauca, Valle del Cauca, Nariño, Quindío, Caldas, y Risaralda). A mediados de febrero se espera su comercialización en Bogotá y el resto de Cundinamarca.
Ante el avance paulatino del uso del etanol, la Universidad Nacional Sede Palmira, a través de su Grupo de Investigación en Eficiencia Energética y Energías Alternativas, ha realizado diferentes estudios y proyectos, sobre los componentes de la cadena del alcohol carburante, desde su producción hasta su entrega al consumidor.
La inquietud por estudiar todas las fases de elaboración: cultivo, producción, almacenamiento, transporte y distribución, surge, según Judith Rodríguez, coordinadora del grupo, porque en el departamento del Valle se realizan todas las fases de la operación. "Además, persisten problemas con la producción de gas carbónico en el proceso de la elaboración del alcohol y su transporte, también con el manejo de los residuos de la destilación para la obtención del etanol, es decir las vinazas", complementa la investigadora.
Así mismo, se detectó la falta de articulación entre el distribuidor mayorista y el minorista y falta de conocimiento sobre las condiciones más adecuadas para el almacenamiento del líquido, su transporte y el reconocimiento de su calidad. "Es necesario que el distribuidor final sepa establecer que efectivamente el producto que descarga del tanque contiene el 10% de etanol puro, sin mezclas de agua", señala la profesora Rodríguez.
Capacitación a escala
Ante esta situación, el grupo adelantó la asesoría a 206 estaciones de servicio de 40 municipios colombianos en las cuales aplicó los presupuestos del "Programa de capacitación en control de calidad de las biogasolinas y manejo ambiental de las estaciones de servicio del Valle y del Cauca", que incluyó el diseño de un formato para que las personas que reciben el etanol en las estaciones entiendan cómo establecer las escalas en las probetas y otras instrucciones técnicas para verificar la calidad de la biogasolina.
El área de trabajo se extendió, en el suroriente colombiano, desde el municipio de Cartago (Valle) hasta Balboa en el departamento de Nariño, y desde Buenaventura hasta el municipio de Caicedonia, como lo sostiene Camilo Bernal, ingeniero ambiental de la universidad, cuyo trabajo de grado, "Diseño del protocolo de auditoría de los estándares de calidad de la biogasolina" se constituye en la primera guía en esta área para el país. "Incluso, me atrevería a decir que en Suramérica no existe tal documento que permita establecer los parámetros que se deben seguir para determinar que los estándares de calidad de este producto sean los correctos", agrega Bernal.
Así, es claro que, aunque la legislación sobre el tema es precisa, los eslabones de la cadena aún deben fortalecerse. De esta manera, la Ley 9993 obliga a las corporaciones autónomas regionales a ejercer control sobre la calidad de los combustibles; y la prueba que se aplica para determinar la pureza del etanol, que se mezcla con la gasolina, está especificada en el artículo 30 de la Resolución 181069 del Ministerio de Minas y Energía.
"Es fundamental establecer el balance de carbonos, dado que actualmente la reducción importante es de monóxido de carbono y de oxido de nitrógeno, y no así en gas carbónico", reflexiona la profesora Rodríguez, pensando en la producción de etanol. De igual forma, su manejo precisa mayor articulación de los actores de la cadena, y cuidados en el almacenamiento, ya que como afirma la investigadora, el alcohol tiene particularidades que lo hacen afín con el agua, y cualquier estación de servicio estará expuesta a tener en sus tanques de almacenamiento filtraciones, lo que acarrearía problemas no solo de funcionamiento de los vehículos sino de riesgo cuando se arrojen residuos acuosos a las alcantarillas mezclados con un líquido combustible.
De la mesa al vehículo
La eficiencia de la caña de azúcar es probada. Si bien con una tonelada de remolacha se pueden producir 120 litros de alcohol ó 180 litros con la misma cantidad de yuca, y con la caña apenas 75 litros, la cosecha de ésta es permanente a lo largo del año, mientras la de los otros productos no. Así, el grueso de la producción de alcohol carburante en el país es derivada de este producto aunque no es el único, de tal forma que los grupos de investigación de la Sede Palmira están atentos a los desarrollos en las fuentes alternativas para generar biocombustibles.
Es el caso del profesor Hugo Martínez, quien presentó su estudio de obtención de biodiésel a partir de aceites de fritura usados. En él, Martínez destaca las fases experimentales del trabajo que adelantó con colegas y estudiantes, y que le permitieron establecer la caracterización de los aceites, la del biodiésel obtenido y la evaluación de su funcionamiento en este tipo de motores. "Al analizar variables como, potencia, consumo específico de combustible y emisiones gaseosas, pudimos concluir que el comportamiento del motor es bueno", afirma el investigador.
Así mismo, concluye Martínez en el estudio, el biodiésel puede ser utilizado como un oxigenante del ACPM, ya que disminuye progresivamente los niveles de opacidad a medida que incrementa su concentración en la mezcla. Cabe anotar que las pruebas fueron realizadas en un motor de 3.900 centímetros cúbicos y 6 cilindros ensamblado en la Universidad.
De esta manera, la Universidad Nacional Sede Palmira, contribuye con la inserción del país en el movimiento mundial de los biocombustibles. Una decisión que, ante la preocupación mundial por el deterioro del medio ambiente, no da mayor espera.
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